La participación más allá del dinero.

Imagen: Lars von Trier desafía a artistas de todo el mundo con el proyecto de participación colectiva ‘Gesamt, una obra maestra comunitaria’

Poco a poco, el crowdfunding en nuestro país ha ido abriéndose un hueco en la denominada prensa seria. Hace unos días hablábamos del éxito del proyecto de Kickstarter para comprar el último laboratorio en el que trabajó Nikola Tesla y dedicarlo a museo. Y se han comentado, y mucho, los logros de El Cosmonauta o de la iniciativa #crowdfundparato, que consiguió fondos para financiar la primera fase de la querella contra los directivos de Bankia. Incluso hemos visto últimamente como Izaskun, sin apoyarse en ninguna de las plataformas establecidas, se ha colado en los telediarios con El precio de mi vida, su llamada abierta a los micromecenas de Internet para que le ayuden a pagar el tratamiento experimental contra el cáncer que puede salvarle la vida.

Lo que curiosamente ha tenido menos eco mediático es el fenómeno del crowdsourcing altruista, a pesar del enorme potencial que tiene el uso de los recursos y de la inteligencia colectiva en todo tipo de proyectos. Quizá porque lo económico interesa y preocupa a lectores/televidentes/internautas en las circunstancias actuales, a diferencia de aquellos tiempos de bonanza en los que el momento de la información bursátil se usaba para ir al baño. Quizá porque lo del crowdsourcing no comercial – el comercial ha conseguido asentarse gracias a plataformas como la española Adtriboo y se utiliza cada vez más para subcontratar servicios, sobre todo informáticos- es algo más amplio, a veces intangible y en muchas ocasiones difícilmente cuantificable, lo que hace difícil explicarlo.

Imaginemos que tienes una agencia de investigación espacial y comienzas una nueva misión para recoger información sobre el Universo. Supón que recibes cada 30 minutos mediciones de luz de 150.000 estrellas y que sabes que el ojo humano podría detectar planetas y analizar ciertos patrones de datos que se le escapan a un ordenador, pero no cuentas con infraestructura ni recursos para hacerlo. Además crees que es bueno y necesario que los ciudadanos que así lo deseen puedan implicarse en un proyecto científico, que con su cooperación sientan esta investigación un poco más suya, la hagan parte de su vida y le den más valor, porque entre otras cosas se sufraga con dinero público. Esto más o menos es Planethunters, un proyecto de la universidad de Yale y Zooniverse que reúne cibervoluntarios para desentrañar los datos que envía la misión Kepler de la NASA e identificar nuevos planetas. En la era de lo 2.0, se trata de una manera fabulosa de hacer e-ciencia y colaboración ciudadana: los descubrimientos son cotejados, los avistamientos se cruzan para que no haya conclusiones erróneas y siempre hay un equipo científico detrás de la labor de los “cazadores de planetas”.

“Nuestra intención es permitir que ciudadanos de a pie se expresen a través de la creatividad, algo que raras veces se les permite. Si el experimento funciona, nos dará información sobre el estado de salud de nuestra alma colectiva”

Así se expresaba ayer la directora de cine danesa Jenle Hallund en el periódico El País. Y no hablaba de otra cosa que de crowdsourcing. En este caso de Gesamt, el proyecto con el que el director Lars von Trier ha hecho un llamamiento a artistas aficionados de todo el planeta para que reinterpreten algunas de sus obras de arte favoritas y así tratar de crear entre todos con una obra de arte total. Von Trier lanza a través de la web una serie de preguntas que los realizadores tendrán que responder hasta el 6 de septiembre y establece las reglas del juego. Hallund se ocupará del montaje final de una película que aglutinará lo mejor del material enviado, enteramente producido por los internautas.
¿Qué pasa cuando un maestro desafía a la gente? ¿Damos lo mejor de nosotros mismos cuando hacemos las cosas juntos? Gesamt se plantea estas preguntas. Y sea cual sea el resultado seguro que logrará dos cosas: reavivar el interés general por el crowdsourcing -algo que ya ha conseguido- y estimular la creatividad y la generación de ideas más allá de lo que cualquier ser humano, por genial e inspirado que sea, hubiera conseguido por sí mismo.

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